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CUANDO LA REALIDAD SUPERA A LA FICCION

 

Si del dicho al hecho hay un trecho, del aula a la oficina hay un abismo en lo que al ejercicio profesional se refiere. Podemos tomar los libros y apuntes como “dichos”, y establecer que los “hechos” son aquellas circunstancias de la vida real con las cuales nos topamos en nuestro ejercicio profesional, la oficina, y en las que deberíamos sacar a relucir todo nuestro repertorio de ideas y fundamentos para prevenir, reducir, o eliminar, toda posibilidad de accidente o incidente súbito e inesperado etc., etc., etc… Sin embargo, muchas veces el estudiante tarda mucho más que la cursada en dejar de ser estudiante. Es largo el proceso que se debe atravesar para egresar realmente y formalizar la transición, y ese proceso está plagado de situaciones por las cuales el segurito no había pasado anteriormente. El verdadero examen es todos los días, y paradójicamente es súbito e inesperado.

En relación a esa transición, y con la clara intención de atomizarla, es que se torna indispensable el ejercicio de prácticas profesionales durante la cursada, y más aún resulta fundamental la tarea de apuntalar su importancia en la motivación de los estudiantes.  Mucho mejor sería que los estudiantes vinculen su estudio con pasantías: cursar y trabajar de eso sea quizás la practica más enriquecedora ya que vincula las obligaciones de ambos ámbitos con responsabilidades impostergables. Sin embargo estas son situaciones que pocas veces se dan, pero que bien pueden tomarse como referencia para hacer docencia y aprovechar todas las posibilidades al máximo. Si solo es posible vincular el estudio con prácticas profesionales, se le debe sacar el máximo provecho a dichos eventos, emulando de la forma más fiel posible un ámbito laboral, recreando todas las variantes posibles del ejercicio profesional, y si es posible intentar ir un poco más allá. Quizás en este aspecto, muchas veces el estudiante subestima esta gran posibilidad ya que contempla la practica como “un viaje de estudio” que tiene un costo y conlleva tiempo, o que es un buen momento para divertirse e incluso afianzar vínculos y amistades. Todo eso está muy bien, pero en ningún momento debe dejar de ponderar que es su gran oportunidad para medir su performance en situaciones por las cuales no ha pasado y que no ha descubierto dentro de las cuatro paredes del aula, y para las cuales en definitiva se está preparando. El alumno debe asimilar que la profesión que eligió trasciende las fronteras del instituto, y que el verdadero examen esta en ese espectro de posibilidades que atesora el mercado laboral. ¿Está preparado para pararse frente a 20 operarios para hacer una inducción en manejo de auto elevadores? ¿Esta confiado en poder imponer sus ideas en una reunión de Directorio para justificar la necesidad u obligación de hacer inversiones en elementos de protección personal? ¿Está capacitado para atender requerimientos de entes de control, y sostener políticas y protocolos de seguridad interna en línea con los requerimientos legales y el marco regulatorio? El viaje debería ser una especie de “muestra gratis” de lo que ocurre ahí afuera. Salvando las distancias, la práctica profesional le otorga un espacio ideal para responder estas y muchas otras cuestiones y, aun con la calificación que puede otorgarle el docente, es el propio alumno el que evalúa hasta donde realmente está preparado y cuáles son sus fortalezas y debilidades. La experiencia profesional es el eje principal que acomoda los conocimientos, y nos otorga el timming para usarlos. Los modos de expresión, la interpretación de situaciones, sugerir cambios a la vez que negociamos adecuaciones, como establecemos relaciones interpersonales, saber cuándo volvernos más activos o pasivos según las circunstancias, entender el rol que ocupamos como higienistas, saber que tan delgada es la línea que divide la consultoría de la ejecución y las responsabilidades que implica una y otra tarea. Estas y muchas otras cuestiones muchas veces no llegan a plantearse en el universo mental del estudiante, y resultan determinantes a la hora de ejercer. Y mucho más si el ejercer se lleva a cabo en situaciones de gran envergadura en las cuales se vinculan casi todos los aspectos vistos en el aula. El estudiante recién egresado se topa de repente con una realidad que apenas leyó y que jamás imagino, y en la que los tiempos y la dinámica del trabajo son mucho más tiranos que los que otorga el profesor. Para que esto no ocurra ni desencadene una crisis de confianza en la persona, resulta imperante satisfacer la demanda (consciente o inconsciente) de realidad para matizar el cambio. Puedo decir que mientras la UBA me instruyo en que decir y como decirlo en mi carácter de estudiante avanzado en Comunicación Social, con la Tecnicatura en Higiene y Seguridad en el IEA me estoy preparando en qué hacer y cómo hacerlo. En conclusión, es el ámbito laboral en el cual me desempeño donde realmente entiendo sobre la aplicación de las herramientas que me dio cada una de las casas de estudio.  Para resumirlo en 2 términos, mientras en el aula aprendemos, durante el ejercicio entendemos.

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