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Tapar el sol con la mano

El Rol de Los Medios de Comunicación durante la última dictadura Cívico-Militar

    “Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance:a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información»

 

ANCLA – Las cartas y la Cadena Informativa – Rodolfo Walsh, «Crónica del Terror».Informe número 1, diciembre de 1976

 

Durante la última dictadura cívico-militar en la Argentina, los grandes medios de comunicación trabajaron en complicidad junto con las Fuerzas Armadas. Muchas veces ocultaban los crímenes producidos por el terrorismo de Estado, publicando notas en consonancia con el proyecto político del gobierno de facto o se negaban a publicar solicitadas y pedidos por la situación de los detenidos desaparecidos.

Distintas investigaciones sobre el desempeño de la prensa gráfica durante la dictadura permiten identificar tres tendencias de comportamiento: una primera, muy minoritaria, representada por aquellos medios que intentaron a través de prácticas y estrategias diversas, restar consenso mediante operaciones críticas o denuncias abiertas; una segunda, basada en la omisión informativa y la autocensura sistemática; y una última tendencia caracterizada por la colaboración y el apoyo explícito a la dictadura. Resulta interesante analizar el accionar de los medios en dos acontecimientos que con el tiempo se convirtieron en emblemáticos: la cobertura del mundial 78 y la guerra de Malvinas.

El apoyo de grandes medios como Clarín o La Nación a la Dictadura, tuvo como contrapartida enormes beneficios económicos como la apropiación, junto con el diario La Razón, de las instalaciones de Papel Prensa, única planta productora de papel de diario del país.

La intención de controlar y suprimir la libertad de expresión quedó plasmada en el Comunicado Nº 19 del 24 de marzo de 1976, que dio el marco general para el accionar de los medios de comunicación: “Se comunica a la población que la Junta de Comandantes Generales ha resuelto que sea reprimido con la pena de reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a asociaciones ilícitas o personas o grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o al terrorismo. Será reprimido con reclusión de hasta diez años, el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes, con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de la Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales”

     La Agencia clandestina de Noticias (ANCLA) creada por el periodista y escritor desaparecido en 1977, Rodolfo Walsh, difundía información que no mencionaban los medios “oficiales” o los periódicos, revistas y radios privadas que ya comenzaban a disfrazar asesinatos de «grupos parapoliciales» con enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y delincuentes “comunes” o con ataques “subversivos.”

Los medios de comunicación oficiales también sirvieron a la dictadura para desacreditar las denuncias que en el exterior se realizaban sobre la aplicación del terrorismo de Estado en la Argentina. Los familiares de las víctimas del terrorismo de Estado comenzaron a reclamar la aparición con vida de sus hermanos, padres e hijos desde 1977. Entre los diversos grupos que se formaron en esos años, las Madres de Plaza de Mayo, un grupo de mujeres que comenzaron a marchar todos los jueves por la tarde alrededor de la pirámide de la Plaza de Mayo reclamando por información sobre sus seres queridos y poniendo en evidencia lo que la sociedad no veía o no quería ver. Empezaron a utilizar el pañuelo en la cabeza para identificarse entre sí, para visibilizar las desapariciones de sus hijos o familiares, ya que los medios ocultaban sus reclamos.

Eventos tales como el Mundial de Fútbol de 1978 o la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 1979 sirvieron para que, en consonancia con el gobierno, los grandes intereses mediáticos hegemónicos hablaran de una “Campaña antiargentina” e instalaran el eslogan «Los Argentinos somos derechos y humanos».

En el año 2003, el periodista Gonzalo Bonadeo, publicó el Documental “Mundial 78, la historia paralela”, donde deja en evidencia el efecto narcótico que tuvo el Mundial ’78 en la sociedad argentina, cuando los goles de Kempes ocultaban los horrores de la dictadura. El documental plantea, recordando las actitudes de Adolf Hitler, en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, y Benito Mussolini, en torno del Mundial de Fútbol de Italia en 1934, que el Mundial ’78 fue «una de las más groseras utilizaciones políticas de la historia del deporte». A través de testimonios inéditos, relatos de sobrevivientes y material de archivo, cuenta la contradicción entre la euforia de un pueblo apasionado por el fútbol y el horror sufrido al mismo tiempo por las víctimas de una dictadura sangrienta.

El mismo rol cumplieron durante el conflicto bélico en Malvinas, en el cual los medios se limitaron a retransmitir las noticias falsas producidas por la Junta Militar sobre el “triunfo” de la guerra.

Marcela Balcente

 

Bibliografía:

-“PENSAR LA DICTADURA: terrorismo de Estado en Argentina, preguntas y respuestas para su enseñanza” 2010. Ministerio de Educación de la Nación Argentina.

-Documental: “Mundial 78′ la historia paralela”, 2003, Gonzalo Bonadeo.

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