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Muchas muertes, poca seguridad

La muerte de Raúl Ortega, el migrante zacatecano que pereció después de que una estructura en la que trabajaba como obrero se viniera abajo, se suma a las 14 fatalidades registradas desde comienzos de 2017 y a las más de 200 en todo el país.

“Ser obrero es una de las ocupaciones más difíciles, más peligrosas y con muy pocos beneficios”, dijo Jason Cato.

“Los obreros tienen que trabajar a grandes alturas, a temperaturas extremas y por eso en la industria hay una alta tasa de lesiones y fatalidades”, agregó Cato. “Muchos de los trabajadores que vienen a nuestra organización son indocumentados y han sido explotados por sus empleadores bajo la amenaza de ser reportados a ICE (Agencia de Control Migratorio)”, añadió.

Entre los hallazgos principales se menciona una alta tasa de lesiones y muertes, falta de entrenamiento en temas de seguridad, ausencia de beneficios de salud como días pagos por enfermedad y tiempo libre, y robo de salarios.

Otro factor preocupante para los analistas de la industria es que hay un alto índice en la clasificación errónea de los contratos de estos obreros: muchos son designados como trabajadores independientes para no recibir prestaciones, pero en realidad trabajan más que los empleados de planta.

“Hay trabajadores que no reciben cascos, guantes o arneses, ni el mínimo entrenamiento requerido por ley que es el OSHA 10″, agregó Cato, cuya organización ayuda a los trabajadores a recuperar salarios, navegar el sistema de compensación e incluso refiere casos a abogados laborales si es necesario.

El entrenamiento de 10 horas de OSHA está diseñado para capacitar a los obreros y empleadores en el reconocimiento, reducción y la prevención de riesgos de seguridad y salud en los lugares de trabajo. Es una capacitación estándar en la industria que usa casos reales de peligro en el aula y también enseña cómo presentar quejas ante OSHA.

OSHA 10 es obligatorio para las empresas que quieran ser certificadas ante el departamento de trabajo y sin embargo, solo el 53% de los trabajadores encuestados dijo recibirlo. Lo que es peor, el informe encontró que los accidentes solo se reportan el 20% de las veces, lo que restringe la capacidad de OSHA para multar a los empleadores por lesiones y enfermedades.

Un trabajo muy pesado

“A los contratistas no les importa si el trabajo es seguro o no, sino que se haga rápido. Si uno no se apura, no sale el cheque”, contó Nicolás Matom, quien lleva 12 años en el país trabajando como obrero.

“Trabajar en construcción es muy pesado. He perdido a un compañero mientras escarbábamos un túnel y a otro que trabajando a 110 grados comenzó a vomitar y lo tuvieron que hospitalizar”.

Matom recuerda estos casos a raíz de la tragedia sucedida a Raúl Ortega, quien murió a comienzos de octubre luego de que una casa de tres pisos en cuya construcción trabajaba, se derrumbara durante una tormenta.

Según su relato, él mismo se ha caído de escaleras y de techos, ha trabajado por extensas jornadas sin descanso ni para tomar agua y fue víctima del robo de su salario.

Hace cinco años tuvo que operarse los ligamentos de su rodilla derecha como consecuencia del exceso de peso que cargaba durante la construcción de balcones y, según establece la demanda instaurada por el proyecto de defensa laboral en su nombre.

Matóm gastó todos sus ahorros, se endeudó con bancos y hasta tuvo que pedir dinero a su familia para pagar la intervención quirúrgica. Luego pasó siete meses recuperándose con terapias físicas sin poder trabajar ni proveer económicamente a su familia. “Como no pude volver al trabajo, jamás me pagaron el salario debido y tuve que demandarlos”.

Hoy se dedica a tareas de menor esfuerzo físico como la puesta de cerámica y la pintura, pero sigue trabajando por múltiples horas pues tiene tres hijos que mantener.

El mismo dice que lo hará “hasta que el cuerpo le aguante”, pero que hoy en día se cuida de poder cobrar su salario semanalmente. “Los empleadores tienen muchas formas de lavarse las manos porque nos contratan sin documentos”. “Pero aún así tenemos derechos”.

Registros se mantienen durante seis meses

La rendición de cuentas para los empleadores encontró otro agravante: en abril del 2017, ambas cámaras en el congreso aprobaron la derogación de la llamada regla de “Volks” de OSHA.

Esta ley anula la capacidad que tenía OSHA de obligar a empleadores a mantener registros de lesiones y enfermedades durante cinco años y medio. Ahora solo tendrán que hacerlo por seis meses.

“Esta norma creaba una confusión normativa significativa para las pequeñas empresas”, argumentó el representante republicano Bradley Byrne de Alabama el año pasado al justificar la reducción.

Los casos que registra OSHA también indican las multas que reciben los empleadores por una muerte en el lugar del trabajo. En los 14 casos sucedidos   desde enero de 2017 hasta la fecha, la autoridad laboral ha impuesto multas desde los $3,000 hasta los $35,000 que en la mayoría de los casos se han reducido a la mitad, fruto de acuerdos informales fuera de corte.

 

Profesor: Parodi Ricardo

Carrera: Seguridad e Higiene

Alumno: Alejandro Gutierrez

Año: 2º

 

 

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