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Encantos de Catamarca por la “Ruta del adobe”

Los 55 kilómetros que separan Tinogasta y Fiambalá por la ruta 60 en la provincia de Catamarca, donde predomina el clima cálido y seco, son un encuentro con el pasado que se revela al visitante en las construcciones opacas de color rojizo, acorde con la aridez del paisaje, que conforman la denominada Ruta del Adobe.

La Ruta del Adobe en Catamarca es un recorrido único en el país que ofrece la posibilidad de caminar y conocer construcciones hechas con este producto que datan del siglo XVI, son 55 kilómetros de historia y de paisajes maravillosos.

Los diaguitas tuvieron el secreto de la construcción perfecta. Mezclando barro, estiércol y paja edificaron viviendas que luego de haber pasado 300 años de invasiones, guerras y el progreso, aún continúan en pie.

Este circuito incluye siete lugares cuyo elemento común es el adobe.

 

Tinogasta queda a 271 kilómetros de la capital provincial, está la orilla del río Abaucán. Allí está el Hostal Adobe Casagrande, un edificio construido con esta técnica que data de 1897.

A pesar de su edad, el interior del Hostal es una muestra de cómo es posible diseñar un interior tan confortable como sugestivo con todas las comodidades de la vida moderna. Cuenta con habitaciones temáticas, restaurante, salón de juegos, gimnasio y jacuzzi. Visitar este lugar y quedarse unos días aquí es vivir un viaje en el tiempo.

El Centro Cultural Municipal, de 1898, abre todos los días sus puertas para brindar actividades culturales que tiene que ver con la fuerte tradición indígena de la región.

El Oratorio de los Orquera cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos: 1740. En su interior hay un confesionario de algarrobo macizo. El silencio allí huele a historia, detrás se pueden ver los cerros que despliegan una paleta de tonos ocres, son los custodios de la tranquilidad del lugar.

La presencia de edificios religiosos domina, como la iglesia Nuestra Señora de Andacollo en el paraje La Falda.

La Ruta del Adobe continúa por la localidad catamarqueña de Anillaco, uno de los antiguos centros económicos y religiosos más importantes de la región. Allí, está el Museo Histórico Provincial Mayorazgo, levantado en 1712 en adobe y algarrobo, y una de las piezas arquitectónicas más destacadas de todo el circuito: la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, hecha a mano por indígenas y declarada Monumento Histórico Provincial.

El siguiente destino de la “Ruta del Adobe” es la localidad de Batungasta, también conocida como Watungasta o “pueblo de los grandes adivinos”, donde yacen los restos de un asentamiento aborigen, cuya antigüedad se remonta a 11 siglos de ocupación, ininterrumpida desde el año 500.

El recorrido termina en Fiambalá, donde la aridez deja paso al pastizal y a diferentes plantaciones que marcan un contraste con la aridez de la ruta. La oferta hotelera y gastronómica es amplia y variada, la noche regala destellos en el cielo y la temperatura baja para contrarrestar el calor del día.

Uno de sus atractivos centrales es la Iglesia de San Pedro construida en 1770, a pedido del capitán español Domingo Carrizo y declarada Monumento Histórico Nacional. La iglesia forma parte del antiguo Mayorazgo de Fiambalá. A un kilómetro, otra de las visitas recomendadas es la Comandancia de Armas, construida en 1745.

 

El adobe, tal cual lo hacían los diaguitas hoy es un método deseado y buscando por personas que desean vivir en una casa hecha con productos naturales. El adobe es un gran aislante térmico que origina un gran ahorro de energía al aprovecharla de la naturaleza y de los habitantes de las casas.

El calor no se siente dentro de estas casas de adobe, a pesar de que el termómetro marca más de treinta y siete grados y afuera el viento trae bocanadas cálidas que se trasladan por el valle. «A veces hace falta volver al pasado para darse cuenta cómo es posible vivir perfectamente sin aire acondicionado», cuenta Pedro un turista que se detiene a ver la belleza de esas construcciones en Tinogasta.

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