La Quebrada de Humahuaca es hoy el epicentro de los vinos más extremos de Argentina.
Envalentonados por la confianza en sí mismo de Claudio Zucchino, el más extravagante de los bodegueros quebradeños, subimos un puñado de botellas hasta la cava de Mina Moya, un socavón cavado en la piedra y luego abandonado, a casi 4000 metros de altura. Con temperatura y humedad estables, es el lugar ideal para la estiba de vinos. Todo un símbolo para los vinos más altos del mundo.
Las bodegas de Quebrada de Humahuaca entendieron que para hacer vinos de altura necesitan optimismo y una cuota de locura pero además vencer las heladas traicioneras y otros retos de la naturaleza.
Hoy la provincia de Jujuy tiene apenas 22 hectáreas de vid y cuatro bodegas con sus productos etiquetados en el mercado. Son unos 20 productores divididos en dos zonas: los Valles Templados (VT), ubicados en torno a los 1200 metros de altura en los alrededores la capital San Salvador; y los de la Quebrada de Humahuaca (Q de H), entre los 2200 y los 3200 metros.
Bodegas Dupont en la finca Maimará y Viñas del Perchel, los dos pioneros, no suman más de doce cosechas. La altura es inclemente, las heladas no dan tregua, y todo es muy reciente. Se plantan pequeñas parcelas de distintas cepas, no por curiosidad ni por excentricidad, sino por supervivencia, para descubrir lo que funciona.
Lograr un vino de la Quebrada tiene un plus por su impresionante determinación enológica, los atributos de los productos poseen las aromáticas del lugar, los vientos, la poca humedad y el permanente sol con el que goza la región

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